Ola de calor 1/3

Este año La Capella nos ha acogido para presentar las obras de lxs artistas seleccionadxs a la Convocatoria de Artes Visuales Miquel Casablancas. Aprovechando donde están expuestas, en el centro de la ciudad, queremos pensar de forma situada problemáticas que «queman» en este contexto urbano, a través de tres obras de la exposición. De forma continuada, durante tres semanas, San Andreu Contemporani os hará llegar las reflexiones.

Comenzamos con las reflexiones sobre turistificación del texto ¡Siéntete libre! La Barcelona de los 12 millones, de Alán Carrasco, a propósito de la obra Grandiosa Fantasia, de Irene de Andrés.

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¡Siéntete libre! 
La Barcelona de los 12 millones.
Alán Carrasco

Imagina que vives en una ciudad de 1,6 millones de habitantes. Imagina que esa ciudad es una de las más deseadas por millones de turistas de todo el planeta, ávidos de un decorado perfecto para sus fotos de vacaciones. Imagina que una pandemia global desbarata los planes turistificadores de los empresarios del ocio, y la ciudad, de pronto, es recuperada por sus habitantes. Imagina que tras dos años reflexionando sobre la posibilidad de un futuro diferente, volvemos al punto de partida: a la normalidad de siempre, a la Barcelona que aspiraba, ya en 2019, a recibir a 12 millones de turistas al año. Este 2022 lo vamos a conseguir.

Ahora imagina que parte de ese turismo llega en cruceros, esos barcos inmensos que conectan Barcelona con otros 198 puertos de todo el mundo, y que al atracar descargan a entre 15.000 y 25.000 cruceristas al día. El 63% de ellos sólo estarán en la ciudad 4 horas, lo suficiente para saturar ciertas zonas urbanas que ya son, de facto, intransitables. Ahora, con el levantamiento de las restricciones sanitarias, se volverá a los 400.000 cruceristas mensuales (durante la temporada alta, entre mayo y octubre), a los más de 3 millones al año.

Los puertos de Barcelona, Palma de Mallorca, Venecia y Civitacecchia son los que más presión crucerista soportan en toda Europa. También son, en ese mismo orden, los que mayor contaminación sufren en todo nuestro continente. Según un estudio de referencia, la flota de la operadora más grande del mundo, Carnival Corporation, emitió en 2017 (solo contando sus rutas en mares europeos) 10 veces más dióxido de azufre que los más de 260 millones de vehículos privados que hay en Europa. La segunda, Royal Caribbean Cruises, emitió cuatro veces más que todo el parque automovilístico europeo.

Grandiosa Fantasia (2021), obra de Irene de Andrés finalista del Premi Miquel Casablancas 2022, habla con mucha elocuencia de este fenómeno. Se trata de una pieza austera en la que, con apenas dos pantallas, en la que dos grandes cruceros de la empresa MSC navegan en direcciones opuestas, la artista ibicenca nos da pistas para reconocer la anomalía.

El crucero MSC Grandiosa transporta 6.334 pasajeros. El MSC Fantasia, otros 4.363. Más de 10.000 pasajeros que forman parte de ese viaje en bucle, un viaje circular e infinito al que, como nos recuerda la propia artista, hace referencia la propia etimología de la palabra “turismo”: un préstamo del inglés, tomado a su vez desde el francés medieval, que habría derivado desde la raíz griega de “tornos”, el movimiento circular alrededor de un eje o punto central.

El trabajo de De Andrés escruta de una manera muy eficaz la genealogía y el significado del aparataje turístico. Lo ha venido haciendo con rigor en otros trabajos anteriores, como en su documental Prora. Complejos de destino (2018-2020), su Costa Luminosa (2020) o su más reciente investigación de largo recorrido Dopo la pausa (2021), iniciada durante su estancia en la Academia de España en Roma. En Grandiosa Fantasia nos sitúa como espectadores subjetivos ante esos barcos con nombres evocadores (Splendida, Preziosa, Sinfonia, Armonia, Bellissima, Meraviglia…), que se configuran en esta fase tardocapitalista casi como una alternativa de la propia realidad.

Grandiosa Fantasia nos permite mirar a los ojos de este sistema, desde el camarote de un tercer crucero, evidenciando un circuito cerrado, controlado, artificial, indoor, a modo de particular isla de acero y fibra de vidrio, que permite al usuario promedio evadirse de una realidad incómoda durante unas jornadas en las que podrá sentirse libre, sabiendo que todo está incluído en el precio.

Antes de la pandemia, el 60% de los turistas en Barcelona consideraba que la ciudad era insoportable por la presencia masiva de… turistas. Imagina ahora que los turistas siempre son los demás.